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24 enero 2010

Sonrisa ingenua

Hoy vuelvo a mis quince años, cuando descubrí que mi grupo favorito llevaba a sus espaldas cuatro discos más, además del Singles 91-98 y Antropop de los que disfrutaba. Un descubrimiento que me llevó a llenar mi memoria musical de nuevos himnos para mi. Aquel Singles 91-98 iba cargado de grandes letras y melodías que parecían insuperables. Y así fueron, insuperables. No obstante cada nota y palabra nueva que estas personas han ido introduciendo en mi vida, tienen un lugar privilegiado.

Ese atardecer que tenemos pendiente.
Natural, artificial y tú


Hoy no echo de menos los días en que OBK copaba los puestos más altos de ventas, ni echo de menos los días en que ocupaban el número uno de las listas más importantes de singles. Hoy echo de menos la sensación de descubrir nuevos himnos para mi diario gracias a estas personas. Pero hoy tengo la suerte de que es uno de esos días en que, sentándome delante de esta conocida reliquia, la siento como nueva.

Os propongo que os sentéis conmigo y disfrutéis durante tres intensos minutos de esta versión de Mi razón de ser acompañada únicamente de un teclado. Sin prejuicios y dejando a un lado nuestra posible xenofobia musical.


Mi razón de ser (acústico) - OBK

PD: Siento el acompañamiento de vídeo ñoño, pero no he localizado la canción fuera de TuTubo. Gracias AnaT por el fotograma^^

14 diciembre 2009

Estúpidas aproximaciones

Siempre he pensado que mi rincón favorito hablaría mucho de mi. Sería un lugar poco frecuentado por el resto del mundo, de manera que sentirlo como propio... fuese algo muy sencillo, casi un acto reflejo al descubrirlo.
Encontrar el rincón favorito de uno mismo... no es algo que uno se proponga, o al menos no es lo que he escuchado al resto del mundo. Pero como siempre me he considerado alguien para dar de comer aparte y otra vez más aparte (por aquello de no quedarme con hambre...) he decidido salir a buscarlo. Pero buscar no es sencillo sin saber qué buscas.
Mientras camino empiezo a imaginar un lugar muy amplio, envuelto del verde que tanto me llena la mirada, envuelto de un aire contagiado de la ciudad que no debe andar muy lejos. Empiezo a imaginar un paisaje frente a mi que también quiero que esté a mi espalda... por si me tocara salir corriendo y quisiera seguir disfrutando de él, un paisaje estratificado... ¿qué tal si contara con una espejada lámina de agua, un cielo titubeante entre alegre y decaído, un cercano tranvía continuo y lleno de vida que me impida caer al agua y, para seguir destrozando el orden de los estratos, un telón que no está muy seguro sobre si debe dejarme ver la ciudad...o si él es más interesante?
Me parece bien, acabo respondiéndome.
Entonces me doy cuenta de que he andado demasiado y mi rodilla renqueante me pide que descanse un rato. O eso, o me amenaza con no dejarme hacer deporte de mayor. Escojo ese banco de diseño fuertemente currado, y tras mimar a mi chulesca articulación tiernamente... levanto la mirada y encuentro ese paisaje.
Encuentro un camino transversal a mi mirada que sólo contempla irme o irme. Continúo mi periplo y... ¡qué maravilla! Un tranvía ante mí... aunque se traza algo descarrilado y artificial. Encuentro también ese espejo bañando al telón que sobre él se eleva... pero el espejo debe ser defectuoso... él tiene más dudas que el propio telón sobre cual es su papel en ese lugar.
Enfadado, bajo la mirada, y maldiciendo mis deseos y estúpidas primeras aproximaciones, escojo levantarme y pegarle un portazo a ese tacaño camino que sólo me ofrecía dos estúpidas alternativas. De esa forma... giro 180º sobre mi fracasada intuición y comienzo a correr con los ojos bien abiertos. Tan abiertos que descubrí, contra mis primeras aproximaciones de nuevo, que el paisaje era distinto al que había encontrado allá atrás.
Dejé de correr y caminé tranquilamente, por suerte mis estúpidos deseos no siempre se me conceden.